12.4.14

Días de facultad XXXIII

No debo postergar más el tema del que les prometí hablar, pese a que el Justo Sierra sigue tomado. 


En noviembre de 2012 envíe un artículo a una revista académica connotada, recibí el dictamen en febrero de 2014. 14 meses después, como si los meses no importaran en el conocimiento humano, como si mientras más añejos fueran los artículos, igual que algunos vinos, le sentaran mejor al paladar. Pero sabemos que eso es una ironía tonta. 
Las revistas académicas no pagan un centavo, al contrario, asumen que el articulista muere por publicar en ellas, y es cierto, la puntitis, de la que escribí hace unas semanas, evalúa a los investigadores, entre otras cosas, por la cantidad (cantidad, no calidad) de los artículos que publican en revistas arbitradas. Claro, la producción académica se mide como si fuera producto interno bruto y así, lo que importa es cuántos tomates cosechas, aunque sean insípidos.
Esto, además, genera que los dueños (que no son dueños, son directores) de las revistas, tengan mucho poder, el poder de publicar y otorgar puntos para que Juan pase de 1 a 2 en el escalafón de estímulos. Deberíamos cambiar el esquema de publicación ¿no podríamos tener un sitio en el que se publicaran semana a semana, incluso día a día, artículos arbitrados?  ¿un sitio arbitrado de artículos académicos dirigido, digamos, por el CONACYT?


Hace unos días me topé con un artículo bien duro en el que el autor (Aaron Gordon) sostiene, basándose en un estudio de la Universidad de Indiana, que el 50 por ciento de los artículos académicos únicamente es leído por 3 personas: los pares que lo evalúan y el editor. Nadie más: hacemos academia para pares, todo lo que escribimos es para que nos lean pares. Ese es el más triste de los desenlaces del conocimiento: producir, no para la humanidad,  para los que te evalúan.  Puntitis.

El texto (aquí está el link también señala que el 90 por ciento de los artículos académicos no son citados jamás, es decir, todo lo que escribimos sirve solamente para que otros (pares), nos evalúen en una comisión con galletitas y café. El conocimiento que generamos es paja, paja añeja. 

P.D. Filosofía temeraria, lo que nos faltaba.  Del 7 al 11 de abril será el XVII congreso internacional de filosofía, organizado por  la Asociación Filosófica de México (AFM). La sede es Morelia. Sé que se barajaron alternativas dada la violenta situación del estado (que es innegable). Sin embargo, el 7 de febrero, reunidos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, los miembros de la AFM: “asistentes, de manera responsable y solidaria, estuvieron de acuerdo en mantener la mencionada sede y en apoyar los compromisos y las actividades de preparación y realización del evento que ha estado llevando a cabo el Comité Directivo. Por lo que me permito (el presidente de la AFM)  ratificar a ustedes que el Congreso va, y sólo esperamos un gran, concurrido y productivo evento del pensamiento filosófico”. Ojalá sea un evento concurrido y limpio, pero es terriblemente temerario mantener la sede. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo