18.5.09

El futuro de México está en sus manos

No puedo contar —porque no me interesaba llevar la cuenta y son muchas— las veces que discutí en una mesa la función que tiene, o puede tener, un blog. Desde el punto de vista noticioso su utilidad me resulta clara, aunque dudosa. Clara porque permite transmitir información de manera inmediata a «todo el mundo». Dudosa porque, sin pasar por los medios tradicionales o sin fama (adquirida seguramente a través de los medios tradicionales), un bloguero periodista difícilmente llega a más personas que un merolico en el metro. Así pues, como vía alternativa para evitar el dominio de los medios convencionales, un blog es atractivo aunque todavía —quizá las cosas cambien—, inútil.

Sin embargo, tengo la impresión de que los blogs no se utilizan, en general, para transmitir noticias —carezco de estadísticas, no me interesan—. Se usan más bien como un medio de comunicación entre círculos cercanos, como la tapa del refrigerador. En el refri la mamá escribe: «falta ajax» «dentista el jueves a las 18:00» y también pega un imán de la Estatua de la Libertad, una foto familiar. En el blog sus hijos hacen lo mismo: suben fotos, comentan su vida, comparten con sus amigos frases que les gustan, imágenes. Las tías lo usan como escaparate de sus colecciones, ya de fotos, de sitios web, de mariposas. También para publicar consejos, recetas de cocina, recomendaciones musicales.

¿Y los escritores? ¿para qué quieren los escritores un blog? ¿Para sortear la censura editorial? ¿es mejor un blog que una edición casera? ¿Que una fotocopia? No me parece. ¿Y como diario? no, el diario y el blog difieren tanto como el diario y la bitácora. La diferencia es obvia, radica en que si bien nadie espera —al menos no a corto plazo— que se lean las entradas de su diario, quien escribe una bitácora sabe que es pública —el blog es inmediatamente público—. Así, perfectamente se puede escribir en un diario «ayer me acosté con la novia de mi mejor amigo», mientras que para escribir tal cosa en una bitácora se ha de ser realmente idiota o exhibicionista.

Ahora, el blog no es la bitácora de ningún tipo de viaje. Es más como el recuento de lo que se quiere escribir, en un arranque, en la pared de un baño. Y ahí queda, para que lo lean los meones: “señores, el futuro de México está en sus manos”.

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