12.4.14

Días de facultad XXX

La puntitis es un padecimiento agudo que sufren cada vez más académicos mexicanos, orillados por las condiciones en las que evalúan su desempeño. Quien tiene puntitis trata de hacer muchos puntos para así pasar al siguiente nivel del tabulador de primas, como si el trabajo de investigación fuera un video juego, a la vez que evita involucrarse en actividades que no den puntos.
Este padecimiento se expresa en varias actitudes, una de ellas es la recolección compulsiva de constancias, en revisar que estén adecuadamente firmadas y que tengan sello, pues saben que de lo contrario no son válidas. 

Hace poco un amigo mío que es investigador de la Central European University, en Budapest, se asustó cuando vio el folder lleno de constancias que yo entregaría  junto con mi informe de labores.  Le resultaba increíble que por cada participación en un coloquio, por cada dictamen realizado, por cada clase impartida, por cada ocasión en que fui miembro de un sínodo, por cada aparición televisiva o radiofónica que quisiera hacer contar en mi evaluación, tuviera que entregar un papel que hiciera constar que el trabajo que reportaba en mi informe había tenido lugar.  

No sé en qué momento se comenzaron a pedir esto documentos en México, ni tampoco conozco el motivo de tan espantosa práctica. Pero es fácil imaginar que se debió a que en algún tiempo algunos académicos inventaban participaciones en eventos, en exámenes, en publicaciones. A raíz de esa trampa y de la necesidad de hacer puntos, las constancias se han vuelto omnipresentes en cualquier evento académico. Es una lástima y peor, un desequilibrio: quienes nos evalúan no confían en nosotros a la hora de reportar nuestras actividades académicas del año y sin embargo nos piden que confiemos en ellos a la hora de revisar nuestro desempeño, nos piden que creamos que pretenden ser completamente imparciales, que declaran sus conflictos de interés cuando los hay, que no evalúan peor a quienes no son parte de sus grupos ni mejor a quienes sí lo son. ¿Quién mide la calidad de las comisiones evaluadoras?
Pero volviendo a las constancias, si por mí fuera dejaría de pedirlas, deberíamos confiar en nuestros compañeros de profesión, y que conste que no hablo de recibos para justificar gastos, que es un tema más delicado, hablo de meras constancias de participación.
P.D. Como seguiremos entregando constancias, ¿no podrían ser electrónicas?

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